¡Ay, Ricky!

Mientras se prepara para aportar toda su autenticidad latina y su carisma al nuevo montaje de Evita en Broadway, la superestrella Ricky Martin nos habla de las demás pasiones de su vida.

Por Jeremy Kinser

“La locura y la fama me sedujeron”, asegura Ricky mientras suelta aire con fuerza y se acomoda en un sofá de un estudio fotográfico del barrio neoyorquino de Chelsea, en pleno Manhattan. A los 40 años, el seductor rostro que en su día lo catapultó a la MTV sigue reflejando un atractivo juvenil, pero también una merecida madurez que no se apreciaba cuando alcanzó la fama mundial. “La oportunidad de apartarme de los focos y fundar una familia fue perfecta para encontrar la estabilidad.”

Tras instalarse con su pareja y sus dos hijos en Nueva York este invierno, Martin ha conseguido ese equilibrio que al parecer le faltaba cuando alcanzó el estrellato en Estados Unidos hace más de doce años. Se ha liberado en muchos sentidos, entre otras cosas por haber salido del armario en el que ocultaba su orientación sexual. Quizá el mejor adjetivo que puede aplicársele es el que utilizó él mismo el año pasado al aceptar un premio de la Gay and Lesbian Alliance Against Defamation (GLAAD): se siente libre.

Puede que disfrute de libertad, pero en estos momentos el cantante está ocupadísimo y tiene que cumplir un horario muy estricto. Llega al estudio donde van a realizarse la entrevista y la sesión fotográfica acompañado de John Reilly, que es su jefe de prensa desde hace muchos años, y de José Vega, su mánager, que está con él desde que a los doce años entró a formar parte del famoso grupo puertorriqueño Menudo. Viene de una prueba de vestuario para Evita, el célebre musical de temática política de Andrew Lloyd Webber, que va a reponerse en Broadway y que es precisamente el motivo de que se haya mudado a Nueva York. Aunque asegura que se muere de ganas de llegar a casa para ver a sus hijos, los mellizos Matteo y Valentino, Martin no se olvida de sonreír con simpatía y de estrechar con ímpetu la mano de todos los miembros del reducido equipo que se ha reunido para la sesión de fotos. Es viernes por la tarde y hace un frío brutal en Manhattan, pero Martin se muestra sociable y atento.

Su carisma se manifiesta sin esfuerzo y con sinceridad, y no reserva su magnetismo para las cámaras. Los miembros del equipo, en su mayoría gays, se miran como diciendo que la tarde va a ser apasionante. Hasta la directora del estudio, que es lesbiana y ha estado en unas cuantas sesiones de fotos con superestrellas, se dedica a rondar la sala, claramente fascinada por él.

A estas alturas, su atractivo para todo tipo de públicos es casi legendario.

Nacido Enrique Martín Morales en una familia católica de San Juan de Puerto Rico, Martin empezó ya a volver locos a mujeres y gays cuando estaba en la boy band Menudo, que lo fichó en 1984 para sustituir a otro miembro. Se quedaría cinco años. En Menudo lo enseñaron a derretir a las fans y llegó a ser todo un ídolo adolescente: cantaba ante enormes multitudes, salía en portadas de revistas, grabó montones de discos (a veces hasta cuatro por año) e incuso hizo anuncios de refrescos para la televisión estadounidense.

En 1989 abandonó Menudo porque sentía que no podía expresar su creatividad e inició una carrera en solitario que lo llevó a sacar cuatro exitosos álbumes en español, a interpretar a un camarero durante un año en el culebrón Hospital general y a participar en Los miserables en Broadway, antes de que llegara la actuación que cambiaría el curso tanto de su carrera como de la música contemporánea. En 1999, cuando aún era relativamente desconocido en Estados Unidos, Martin cantó La copa de la vida agitando con brío las caderas en los premios Grammy y el público se puso en pie. Meses después, el gran éxito del álbum en inglés Ricky Martin, que llegó al número uno en varios países, y de su sencillo más conocido, Livin’ la vida loca, propició la explosión del pop latino y contribuyó a preparar el lucrativo mercado estadounidense para intérpretes como Jennifer López y Enrique Iglesias. Martin estaba hasta en la sopa: MTV, Saturday Night Live, docenas de artículos en revistas e incluso la portada de The Advocate, que en 1999 publicó un reportaje que analizaba la “Ricky Fever.” El estrellato lo había llevado a vivir de verdad la vida loca.

“Hay que ir con cuidado”, dice hoy en referencia a los conciertos en estadios de todo el mundo llenos hasta la bandera. “Sobrellevar la fama no resulta fácil. Yo tengo mucha suerte porque cuento con gente maravillosa que es sincera y natural, que me avisa si me equivoco y también me felicita cuando toca.”

Da la impresión de que Martin se toma con calma la popularidad y el poder que comporta. En marzo de 2010 dio por terminada una década de especulaciones sobre su vida privada con un sencillo mensaje que colgó en su página web y en su Twitter: “Hoy acepto mi homosexualidad como un regalo que me da la vida”. Recuerda un tuit que recibió más tarde, de un padre latino heterosexual que le daba las gracias por salir del armario, porque eso le había permitido entender mejor a su hijo gay. Martin se emocionó tanto que le escribió directamente. “Le dije: ‘Acaba de hacerme muy feliz. Vaya a darle un abrazo a su hijo.’”

En otoño de ese mismo año, apenas unos meses después de esa declaración, Martin publicó Yo, una autobiografía en la que repasaba su variada carrera y la vida reservada que había llevado hasta el momento de anunciar públicamente que era gay. En el libro contaba sus relaciones románticas tanto con hombres como con mujeres y recordaba la desafortunada entrevista televisiva con Barbara Walters en la que se negó a responder a preguntas sobre su orientación sexual. Martin asegura que no ha releído Yo desde que apareció.

“Hace exactamente una semana lo tenía abierto en la computadora, me puse a leer un párrafo y tuve que dejarlo”, dice con un hilo de voz y lágrimas en los ojos. “Tuve que dejarlo. Me acordé de cómo me sentía cuando lo escribí.” Calla un momento, recupera la compostura y sonríe.

“Cuando saqué el libro, la gente que conocía al ir a firmar a las librerías me decía: ‘Déjame que te dé un abrazo. No tienes ni idea de lo mucho que me has ayudado’. Ni me imaginaba que pasaría algo así”, afirma. “Me puse a escribirlo sencillamente porque quería soltar un montón de cosas que llevaba dentro.”

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Hasta su aparición especial en un capítulo de Glee este mismo año, Martin llevaba mucho tiempo sin actuar, desde Los miserables. Ryan Murphy, uno de los creadores de Glee, es seguidor suyo, decidió contar con él y escribió el episodio especialmente. “Ricky es una estrella de pies a cabeza”, asegura. “Hasta los actores heteros de la serie se quedaron alucinados por la seguridad en sí mismo que demostró. Decían que si un día cambiaban de acera sería por Ricky Martin.”

Según Murphy, Martin estaba nervioso ante la perspectiva de actuar, pero clavó todas las tomas. De hecho, el productor se quedó tan impresionado con su profesionalidad que le ha propuesto protagonizar su propia serie de televisión. “Si se viniera a vivir a Los Ángeles, le escribiría una sin pensármelo dos veces.”

Tras la buena experiencia de Glee, Martin se lamenta por haber tardado tanto en regresar a la interpretación. “Estaba muy ocupado con muchísimas cosas y ni me di cuenta de que echaba en falta actuar”, asegura, antes de añadir entre carcajadas: “Ha tenido que pasar precisamente esto”.

Se refiere a la reposición de Evita, que se estrena este mes. El artista, que debutó en Broadway hace unos catorce años (en el papel del enamoradísimo Marius de Los miserables), será el cabeza de cartel de este nuevo montaje, al parecer más sexy que los anteriores, donde dará vida al Che, la voz rebelde del pueblo que se las ve con la primera dama argentina, Eva Perón.

No es insólito que un actor icónico encarne a un personaje también icónico, pero en este caso, como sucedió cuando Madonna fue la Evita de la versión cinematográfica de 1996, que Martin interprete al Che es una decisión acertadísima. Lloyd Webber predice que estará “fabuloso” en el papel y, de hecho, Martin tiene la impresión de que lleva toda la vida preparándose para el personaje, un revolucionario inspirado en el Che Guevara que se siente cautivado por Evita pero al mismo tiempo la desprecia por su existencia aburguesada.

Para Martin, las emociones encontrada del Che resultan atractivas. “Tengo la oportunidad de sentir muchas cosas. Puedo pasar de la rabia al amor y luego a la incertidumbre en menos de treinta minutos sobre el escenario”, explica. “Es maravilloso, porque en eso se ha centrado mi vida en los últimos tres años: en los sentimientos. En no sabotear ningún tipo de emoción, en dejar que todo se canalizara a través de mí y en verbalizarlo. Es un ejercicio muy espiritual que hago todas las noches.”

Sin embargo, lo que de verdad le sirve de inspiración es la causa que comparte con su personaje, el deseo de acabar con las injusticias sociales. “El hombre al que doy vida está entregado al pueblo y a los derechos humanos”, resume. A través de la Fundación Ricky Martin, que tiene como objetivo acabar con el tráfico de seres humanos y la explotación infantil, el cantante ha tenido asimismo oportunidad de luchar por los derechos humanos. “Además, desde que salí del armario también he expresado la importancia de la igualdad y he dicho lo que hay que decir. Y ésa es la esencia del Che. Ésa va a ser mi inspiración, mi motivación todas las noches.”

Ser testigo de casos de brutalidad y explotación por todo el mundo lo empujó a actuar. Recuerda en especial un viaje a Camboya en el que vio fotos de la explotación sexual de una niña.

“Ante aquellas imágenes me desmoroné”, afirma, enrojecido y con rabia en la voz. “Me dije: ‘Joder, me largo de aquí’. Ver a aquel hombre seducir a una niña pequeña fue horroroso. Horroroso.”

Martin cuenta que uno de sus mentores lo agarró de la mano para tranquilizarlo: “Me dijo, ‘Ricky, no te muevas de aquí y piensa con calma. Si consigues salvar una sola vida de la explotación sexual, habrás ganado mucho. Habrá valido la pena’”.

A partir de entonces se puso a investigar sobre la epidemia que supone el tráfico de seres humanos y su fundación incluso logró que por primera vez se realizara en Puerto Rico un estudio sobre el tema. “La delincuencia está muy bien organizada y pasa desapercibida”, explica. “Se manifiesta de muchas formas distintas. El tráfico de seres humanos puede concretarse en la explotación sexual, el trabajo infantil o el tráfico de órganos. Me di cuenta de que, aunque en su mayoría el tráfico de personas tiene que ver con la venta de drogas, en ese mundo también hay explotación sexual. Si un niño ha sido víctima de algún tipo de tráfico hay muchas probabilidades de que también haya sufrido otro tipo de explotación.”

Martin tiene previsto construir una serie de centros de desarrollo y prevención para chicos en situación de peligro. El primero estará en la localidad puertorriqueña de Loiza. “Hay críos de trece y catorce años, tanto chicos como chicas, que venden drogas”, cuenta. “Estamos montando un centro holístico que tendrá las puertas abiertas a todos los jóvenes. También queremos proteger a las madres.”

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Aunque dedica mucho esfuerzo a la reposición de Evita y a su fundación, esos dos proyectos pasan a un segundo lugar ante la pasión que siente por los mellizos Matteo y Valentino, nacidos gracias a una madre de alquiler en 2008. Precisamente lo que lo llevó a hacer público que era gay dos años después, tras evitar hablar de su orientación sexual durante mucho tiempo, fue el deseo de vivir con sus hijos sin falsedades. “No quiero que mi familia se base en una mentira”, declaró ante Oprah Winfrey en 2010, en su primera entrevista tras salir del armario. “Quiero ser transparente con ellos.”

“Todas las decisiones que tomo y todo lo que hago parte de sus necesidades”, señala, en referencia a sus hijos, que ya han cumplido tres años. “No quiero soltar ningún tópico, pero todos los días me enseñan algo nuevo.”

“Valentino es todo paz y amor”, dice Martin. “Le encantan las flores y la naturaleza. Si lo buscas, lo encuentras detrás de los matorrales cubierto de barro. Está en sintonía con la naturaleza.” Hace una breve pausa y luego decide continuar. “Sé que parece una locura, pero creo que medita. Se sumerge.” Martin imita a una persona bajo el agua. “Y yo digo: ‘Está en su mundo. Está en pleno viaje’. Es muy zen y muy noble.” En cambio, parece que Matteo exige más atención. “Es más alfa, un líder nato. Es de los que dicen: ‘No hagas eso, sino esto’. Le dice a su hermano lo que tiene que hacer y lo que no.”

Martin está muy implicado en la crianza de sus hijos, para lo que cuenta con la ayuda de su madre, que viaja con él a menudo, y de Rose, la niñera. Su esperma se combinó con los óvulos de una donante que seleccionó en un catálogo; una vez fecundados, se implantaron en otra mujer, el vientre de alquiler. Ninguna de las dos se enteró de que él era el padre. Cuando le dicen que sus hijos han heredado su atractivo se sonríe. “Comí muchas proteínas”, replica, entre carcajadas. “No sé si sirvió para algo, pero llevé una vida muy saludable durante todo un mes, tanto en las comidas como en el descanso, antes de que me dieran el botecito.”

Los niños ya se han acostumbrado a viajar con frecuencia. Martin se tomó un año sabático a partir de su nacimiento y luego pasó mucho tiempo en casa mientras escribía Yo y grababa su último disco, Música + Alma + Sexo, que apareció en 2011 y funcionó muy bien. Cuando salió de gira para promocionarlo se llevó a sus hijos.

“Nos subíamos a una avión día sí, día no”, recuerda, pero enseguida se organizó una gran familia en torno a los mellizos. “Era impresionante, porque se paseaban por el recinto donde íbamos a actuar y los técnicos que estaban montando el escenario dejaban el trabajo para sonreír y saludarlos: ‘Hola, Valentino. Hola, Matteo’”. Martin se detiene de nuevo y suspira antes de añadir: “Esos dos son entes de sanación, de amor. Los técnicos seguían concentrados en su trabajo y en la tensión que comporta, pero esos cinco segundos con los niños les daban un gran alivio”.

A pesar del caos que suponen los viajes, Martin mantiene una buena estructura en la familia. “La cantidad de cariño que reciben los críos es tremenda”, reconoce. “Carlos y yo, mi madre, Rose, los bailarines, los técnicos de sonido…” La voz de Martin se apaga.

El Carlos al que se refiere es su novio desde hace casi cinco años, Carlos González Abella, analista financiero y corredor de Bolsa. En otras ocasiones Martin ha preferido no hablar de él, pero hoy sonríe brevemente con todos los dientes y se inclina un poco hacia delante para decir en un susurro: “Me parece muy sexy. Es elegantísimo. Eso me pone mucho”. Se ríe. “Sale de casa todos los días con traje y corbata, lo cual es muy sexy. Su mundo y el mío son completamente distintos. Yo sé tanto del suyo como él del mío, cosa que está muy bien.”

Martin reconoce que a Abella, poco amigo de salir en los medios de comunicación, le cuesta sobrellevar la atención constante de los periodistas y del público. Salvo en alguna fotografía de paparazzi, pocas veces se los ve juntos. Al recibir el galardón de GLAAD el año pasado, Martin dio las gracias a su novio desde el escenario. “Se toma las cosas poco a poco”, asegura el artista. “Y mi mundo, nuestro mundo, no deja de estar lleno de sorpresas a diario, incluso para mí. Nos complementamos a la perfección en muchos sentidos.”

Su pareja también vive entregado a Matteo y a Valentino y a conseguir su estabilidad, afirma Martin. “Hay mucho amor y mucha comunicación. Su modelo es el planteamiento que sigo yo con los niños, lo imita espléndidamente.”

Martin insiste en que no buscaba tener pareja cuando un amigo los presentó en 2007. “Fue una de esas cosas que pasan sin más”, recuerda. “Yo pensaba: ‘No tiene sentido que aparezcas en este momento. ¿Me haces el favor de permitir que siga mi trayecto?’”.

“Dicen que a veces los deseos se hacen realidad cuando menos lo esperamos. El otro día…” Se detiene otra vez. Va con cuidado para no decir demasiado de su compañero. “Me da igual: voy a contarlo. El otro día me dijo: ‘Yo buscaba novio y Dios me dio una familia’. Y le contesté: ‘Qué bonito, pero en realidad buscabas a un hombre de verdad con una familia y eso fue lo que encontraste’”.

Entrevista traducida por Carlos Mayor, traductor y periodista radicado en Barcelona. Carlos está viajando en estos momentos por Centroamérica y escribirá sobre ello en Out Traveler. No dejen de visitar su página web, www.carlosmayor.com.

The English version of this interview can bee seen at: The Interview: Oh Ricky!